¿Por qué no es posible comunicarse con los fantasmas?
Médiums, ouija, el niño de “El Sexto Sentido”…, todos ellos métodos o canales de comunicación con el supuesto más allá. Acojámonos (que no acojonémonos) a cierto detalle que parece que todos los vendedores de humo pasan por alto: el sonido.
El sonido no deja de ser una onda mecánica de presión que se propaga a través de un medio: el aire cuando hablamos, el agua cuando intentamos hablar mientras buceamos, los raíles de un ferrocarril si pegamos la oreja para ver si viene el tren… Y es por ello que en el vacío del espacio no se oyen explosiones (detalle muy bien cuidado en “2001, Una odisea en el espacio”). Ahora bien, ¿por qué cuando hablamos la otra persona nos escucha? Porque lo que hacen las cuerdas vocales es crear una vibración que hace que el aire de la tráquea se contraiga y se expanda, con lo cual ya tenemos formada una onda mecánica. Cuando esa onda (sucesión de contracciones y expansiones del aire) sale de nuestra boca, se propaga a través el aire, y finalmente alcanza el tímpano del oyente. El tímpano es una membrana muy sensible y, puesto que está en contacto directo con el medio que propaga el sonido, cualquier perturbación en éste que contenga un mínimo de energía capaz de ser detectada provocará una vibración del tímpano, que el cerebro interpretará como sonido.
Una vez explicado el funcionamiento de la comunicación “a grito pelao”, centrémonos en los fantasmas: ¿qué son y de qué están hechos? Según la wikipedia, los fantasmas son espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible, o sea, ¿no están hechos de nada? Hay quien dice que están hechos de Ectoplasma. De cualquier manera, no se supone que estén hechos de materia ni de nada tangible. Y aquí es donde llegamos al meollo de la cuestión: los fantasmas, espíritus, almas, pueden estar gritándonos, cogiendo rabietas, insultándonos…, todo lo que quieran, pero sus ectoplasmáticas cuerdas vocales son incapaces de hacer vibrar el aire del interior de sus tráqueas y por consiguiente, es como si estuvieran mudos, no pueden articular ningún sonido. A su vez, tampoco podemos preguntarles de manera abierta y como si estuviéramos realizando una entrevista, puesto que sus ectoplasmáticos tímpanos no se inmutarán cuando la onda de sonido les llegue, los fantasmas son todos sordos.
Dicho esto, espero que cuando os encontréis en una casa abandonada y escuchéis algún tipo de psicofonía, os paréis a pensar y os deis cuenta de que lo más probable es que sea un yonqui o el mismo viento entre las ventanas
Sed felices.



Han dicho: